domingo, 19 de julio de 2015

San Isidoro de Sevilla

La primera entrada propia de este blog tratará acerca del hombre que sentó las bases del saber medieval en la Edad Media, San Isidoro de Sevilla, doctor de la Iglesia del cual sus escritos basaron el resto de escritos de la época y ayudaron a la entrada de la obra aristotélica en Europa. 

Cuadro pintado por Murillo, se puede ver en la Catedral de Sevilla.

Nacido en Cartagena el año 556, y Arzobispo de Sevilla desde el año 599 hasta su muerte en el año 636, Isidoro fue una figura fundamental en el panorama político y religioso de la Hispania visigoda. Recordemos que hace poco cayó el poder romano en detrimento de los visigodos, y teníamos dos sociedades distintas: la dominante pero minoritaria visigoda, y la mayoritaria hispanorromana. Isidoro provenía de una familia hispanorromana de alto estatus social que tuvo que huir de Cartagena a Sevilla, ya que el sureste de la Península Ibérica había sido conquistado por el Imperio Bizantino (del cual remarco que es un nombre incorrecto e inventado por un historiador alemán del siglo XVI; lo correcto es decir Imperio Romano, porque eso es lo que era Bizancio en realidad, y cómo se llamaban a si mismo, romanos, no bizantinos).

Un elemento distintivo de las dos sociedades que coexistían en la Península es que los hispanorromanos eran católicos mientras que los visigodos eran arrianos, es decir, Jesús era el hijo de Dios peor no era Dios. Sin embargo, a finales del siglo VI, Hermenegildo, y posteriormente Recadero, desde su posición de reyes, se convirtieron oficialmente al catolicismo promovidos por Leandro de Sevilla, hermano mayor de Isidoro (él cual ayudó al propio Leandro a efectuar dichas conversiones). De esta forma, el catolicismo se volvía la fe nacional en sustitución del arrianismo, el cual era considerado como herejía por Roma. 

Isidoro se formó bajo la tutela y el brazo de su hermano mayor Leandro, quien ocupó antes que él el puesto de Arzobispo de Sevilla, dominando pronto las lenguas griega y hebrea junto a su latín hispano. Ya en aquel tiempo Sevilla era una de las ciudades mas importantes de la Hispania visigoda, siendo cabeza y capital de la Bética. Isidoro se esforzó por impulsar la expansión monástica contribuyendo con tratados propios como su Regla de monjes. En el IV Concilio de Toledo promovió la creación de escuelas catedralicias e impulsó la enseñanza de la medicina y del derecho. Unificó la liturgia del estado y defendió a la Iglesia como un organismo libre e independiente pero obediente al rey. 

Escultura de Isidoro de Sevilla en la Biblioteca Nacional de España en Madrid.

La obra literaria de Isidoro es extensa, amplia, y rica. desde ensayos acerca de la Biblia hasta tratados de música, oficios eclesiásticos, universo, o números, destacando la Historia de regibus Gothorum, Vandalorum et Suevorum que trata de los diversos pueblos godos desde que aparecieron en Roma hasta su actualidad. También destaca su Alabanza a Hispania en el que define la Hispania goda como un país rico, hermoso, bien dotado, y codiciado por propios y extraños.

Pero sin duda, su obra clave son las Etimologías, cuyo nombre puede venir de cómo trata cada palabra relacionada con su tema. Las Etimologías pueden definirse como una enciclopedia de veinte libros donde se busca recopilar y reunir en un mismo sitio todo el saber de la época, y para ello Isidiro no dudará en sumergirse e incorporar el conocimiento grecorromano (los dioses, las costumbres, la forma de vivir, etc.), visto como paganismo por cualquier otro contemporáneo, lo que le da aun mayor valor a la obra, siendo las Etimologías el flotador que salvó el conocimiento y la transmisión de la cultura grecorromana durante siglos. La obra queda definida y distribuida de esta forma:

I. Gramática y sus partes.
II Retórica y dialética.
III. Matemática, esto es, aritmética, música, geometría y astronomía.
IV. Medicina.
V. Derecho y temas de cronología.
VI. Sagradas Escrituras, bibliotecas y libros, ciclos, fiestas y oficios.
VII. Dios, ángeles, Santos Padres y jerarquías eclesiásticas.
VIII. Iglesia, sinagoga, herejes, filósofos y poetas, y otras religiones.
IX. Lenguas y designaciones de pueblos, cargos y relaciones.
X. Origen de algunos nombres.
XI. El hombre y sus partes, y monstruos y defectos.
XII. Los animales.
XIII. Los elementos, mares, ríos y diluvios.
XIV. Geografía.
XV. Ciudades, construcciones rústicas y urbanas y sistemas de medida y comunicación.
XVI. Mineralogía y metales, y pesos y medidas.
XVII. Agricultura.
XVIII. Guerra, espectáculos y juegos.
XIX. Naves, pesca, oficios, edificios, y vestidos.
XX. Comida, bebida, e instrumentos y ajuar doméstico y campesino.

Ya de por si, los dos primeros libros reunen el trivium, y el tercero el quadrivium, es decir, las siete artes liberales que constituyeron los estudios en la época romana y formarían los estudios de las universidades medievales. Aparte, se hace una recopilación de otros saberes considerados como imprescindibles como el derecho y la medicina, y se reúnen conocimientos geográficos, naturales (bestiario zoológico, mineralogía, etc.), religiosos, y de costumbres cotidianas. Para cualquier persona que quiera comprender cual era el conocimiento que había hace un milenio, las Etimologías forman la enciclopedia perfecta para sumergirse en dichos saberes.

San Isidoro tuvo un culto importante en la Edad Media mas allá de su legado del saber. Una leyenda conocida fue la del traspaso de sus reliquias a León por orden de Fernando I a mediados del siglo XI. Se dice que dos obispos fueron a Sevilla en búsqueda de dichas reliquias y las encontraron por indicación milagrosa del propio Isidoro que también comunica que sus restos sean trasladados a  la Iglesia de San Juan León, renombrada desde entonces como Iglesia de San Isidoro.

Hoy en día, es sorprendente lo difícil que es encontrar las Etimologías para echarles un vistazo. La versión que encontré es del año 2004 publicada por la Biblioteca de Autores Cristianos. Está bastante bien, la parte de la izquierda está en el latín original escrito, y la de la derecha está traducida al castellano de hoy en día. 

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